viernes, 14 de febrero de 2014

La leyenda negra de Sor Juana (entrevista con Jaime Septién para la agencia "Zenit").



1.  ¿Cómo se ha construido la “leyenda negra” de la conjura eclesiástica contra Sor Juana Inés de la Cruz?

Sor Juana es un personaje principal de la historia de México. Sin duda es su mayor valor literario. Además de una pensadora muy atractiva, cuya obra enamora por sus virtudes artísticas y la fuerte personalidad que deja entrever, ostenta la fama (un poco exagerada) de haberse “adelantado a su época”. Consiguientemente, desde principios del siglo XX su figura se volvió seductora para gente de muy diversos credos. Dadas estas condiciones, ha sucedido que, dejando de lado el conjunto de datos sobre su vida, muchos de los hechizados por ella han tomado sólo unos pocos de esos mismos datos para, luego de sacarlos de contexto y distorsionarlos, lograr que la biografía y pensamiento de la monja “coincidan” con sus visiones personales del mundo. Han ido apareciendo, así, muchas “Sor Juanas”. No obstante, es fácil apreciar que  tales “Sor Juanas” son, en realidad, productos de las ideologías de los diversos autores que las han engendrado. Cuando, con apego al método histórico (que exige respeto y sumisión a la totalidad de las pruebas), se revisa la verdadera historia de Sor Juana, resultan evidentes los fantaseos y deformaciones (en múltiples ocasiones, voluntarios) a que las doctrinas han llevado. El resultado ha sido, a lo largo del siglo XX y por la notoriedad de algunos de sus creadores, la propagación de una “leyenda negra”. Ésta, de modo general (porque ha surgido de la animadversión a la Iglesia), asegura que la madre Juana, en “desacuerdo” con la civilización católica a que pertenecía y buscando la “independencia” intelectual y artística, se habría “rebelado” contra ella, motivo por el cual la Iglesia la “hostigó” y “sometió”. Por supuesto, los publicistas de este bulo se han basado sólo en especulaciones, y jamás han podido presentar pruebas. Contrariamente, quienes sostienen que Sor Juana no sólo fue una gran escritora, sino una magnífica cristiana a la que la Iglesia favoreció, han venido aportando contundentes documentos históricos que lo demuestran.



2.  Usted ha investigado como nadie en México el lado religioso de Sor Juana: ¿cuáles son sus últimos hallazgos y qué prueban o, más bien, qué desmienten?

Actualmente, existe una abierta oposición a que se estudie la vida religiosa de Sor Juana. Como si no hubiera sido monja, ni vivido casi toda su existencia en un convento, ni compuesto infinidad de obras devotas, algunos críticos modernos quieren reducir los estudios sorjuanistas a un aspecto “laico”. Por ejemplo, la escritora feminista Margo Glantz, refiriéndose explícitamente a mi trabajo sobre la Décima Musa, ha declarado que “se quiere destuir la sociedad laica”. Según expuse a este mismo medio (Zenit) anteriormente, la laicidad es “el principio de autonomía de las disciplinas y actividades del hombre, que deben regirse únicamente por sus propias reglas, sin intervención de intereses o fines ajenos a los que les atañen”. O sea, es una especie de campo neutral donde cada estudio está libre de amenazas ideológicas. De ningún modo es algo antirreligioso o exento de lo religioso, como Glantz pretende. De hecho, cuando Glantz me exhorta a “respetar el laicismo”, atenta contra él, porque su exhortación es ideológica: le incomoda que exhiba la religiosidad de Sor Juana Inés de la Cruz. Con otras palabras, la feminista, con el pretexto del “laicismo”, intenta censurarme. Le gustaría que la gente siguiera creyendo que la poetisa se interesaba únicamente en poesía, y no en su fe católica, como en realidad ocurrió. Al respecto, es clarísimo que Juana Inés se hizo monja porque tenía la vocación. Variados documentos lo comprueban, y ya que usted generosamente me da la oportunidad, deseo referirme a uno que presento en mi nueva biografía de la monja: Sor Juana Inés de la Cruz, Doncella del Verbo. Se trata del Memorial y licencia para llevar a cabo el orden del hábito de bendición, que es el pliego en el cual se solicitaba y concedía que ella profesara como monja jerónima. En él viene un pedimento de la propia Juana Inés para entrar al convento de San Jerónimo, donde, dice, estoy actualmente en traje de seglar, mientras se disponía el tomar el hábito de bendición para poder conseguir mi buen deseo”. Según sus propias palabras, antes incluso de portar el traje de las novicias, vistiendo sólo ropa de calle, se hallaba ya dentro del monasterio. Hacía sólo tres meses que, por motivos de salud, había abandonado el claustro carmelitano. Como se ve, la decisión de Juana Inés de ser monja era tan firme que, apenas repuesta de su enfermedad y todavía “en traje de seglar”, habitaba ya el convento de San Jerónimo. Otro documento capital que presento en Doncella del Verbo es la Carta de Puebla (descubierta por Jesús Joel Peña Espinosa). Uno de los aspectos más difundidos de la leyenda negra es que el obispo de esa ciudad fue uno de los miembros de la jerarquía eclesiástica que estuvo en desacuerdo con las actividades intelectuales de Sor Juana, razón por la cual no sólo la habría “reprobado”, sino colaborado a su “sometimiento”. La Carta de Puebla, inédita hasta hace unos meses, es nada menos que la contestación del obispo a la famosa Respuesta a Sor Filotea (dirigida por Sor Juana a él mismo). Con la Carta de Puebla se acredita que el obispo era amigo de la monja, y que admiraba sus dotes intelectuales a tal grado que, opuestamente a lo que la leyenda negra sostiene, jamás pudo haber estado en contra suya. Otro hallazgo de igual importancia es el recientísimo del testamento (sacado a luz por Ken Ward) de uno de los amigos de Sor Juana, el padre José de Lombeyda. Ahí, en una de las cláusulas, se explica que fue la propia monja quien encargó a Lombeyda vender sus libros. Esta contundente prueba exhibe la falsedad de la leyenda negra según la cual habría sido el arzobispo de México quien le “quitó” su biblioteca (falacia que, todavía en 2014, Margo Glantz, inspiradora de la sección de Cervantes Virtual dedicada a la poetisa, soslayando la nueva documentación, insiste en remachar). Como se ve, la fe católica de Sor Juana y su talento literario armonizaban perfectamente, al grado que la propia Iglesia la apoyaba.



3.  ¿Hay algún documento de la época que señale que Sor Juana fue “perseguida” por la Iglesia para que dejara los libros, la poesía, el pensamiento y se pusiera a hacer vida de oración?

No existe ningún papel que señale semejante cosa. La crítica anticatólica habló hace unos 15 años de un “proceso secreto” de la Iglesia contra ella, pero jamás presentó las pruebas. Se trató de una cortina de humo. Como acabo de explicar, el cien por cien de los documentos de la época (varios de ellos notariales, lo que les da aún mayor peso) dice exactamente lo contrario: que Sor Juana, en determinado momento y por su propia voluntad, cedió sus libros (o el dinero de la venta de los mismos) al arzobispo de México para que hiciera caridad. También refiere cómo se aparto discrecionalmente de los estudios deseando llevar una vida de mayor intimidad con Dios. La investigación histórica rigurosa acredita que la extendida leyenda negra según la cual a la madre Juana Inés la “persiguió” la Iglesia es un gran embuste.



4.  ¿Cómo fueron los últimos años de Sor Juana? 

Los biógrafos de la época, muchos de ellos personas que conocieron a Sor Juana, dicen unánimemente lo mismo: que al final de su existencia ella, sin que mediara ninguna coacción, decidió llevar a cabo obras de supererogación. Entre ellas destacan el aumento de la vida penitente, de la vida de oración y, junto al desprendimiento de sus más queridas posesiones —la biblioteca y los instrumentos científicos y musicales—, la profundización de la caridad. Había tomado la inalterable resolución de alcanzar la perfección a que estamos llamados los católicos. Los cronistas no coinciden en el momento exacto, pero están completamente de acuerdo en que sucedió. Además, destacan no sólo el dolor que le causó deshacerse de sus libros, pero sobre todo el amor con que los vendió para socorrer a los necesitados. Luego de una vida de pasión por el estudio y el conocimiento de la verdad, supo donarse toda entera cuando, sin estar obligada a ello porque era la contadora del convento, resolvió cuidar a las enfermas del convento víctimas de una contagiosa epidemia. La madre Juana Inés las atendió con paciencia y ardor cristianos hasta que, infectada, murió días más tarde entre terribles sufrimientos y alabanzas a Dios.



5.  ¿Por qué ha sido tan injustamente tratada Sor Juana por la crítica literaria e histórica y se le han negado, sistemáticamente, sus deseos expresados en la Protesta de la fe de ser santa?  ¿Por qué ni los católicos estamos convencidos de ese su deseo ferviente?

Concuerdo en que califique de “injusto” al modo en que se han realizado muchos de los tratados sorjuanistas. Como hice ver anteriormente, es una injusticia intentar presentar a la madre Juana con un aspecto “laico” que, en realidad, no tiene. Ella fue monja la mayor parte de su vida, no “laica”, de modo que la obra debe estudiarse teniéndolo siempre en cuenta. Así se trate de poesía profana, la suya debe encuadrarse siempre en el marco mucho más amplio de su fe religiosa. Omitirlo lleva a los dislates que encontramos en infinidad de críticos. Si esto es cierto para la obra, lo es aún más para la biografía. Querer “separar” la existencia monástica de Sor Juana de sus libros y acciones es inventar un fantoche. ¿Quién no entiende que la obra nace de un alma con creencias que en ella se reflejan, y que lo propio ocurre con los actos? ¿Quién no ve la incoherencia de afirmar que “Sor Juana era monja”, pero “existe” la “obligación” de “estudiarla sin tenerlo en cuenta”? ¿Quién no percibe la incongruencia de alegar que “decidió ser religiosa”, pero “no se puede mencionarlo”, porque “la sociedad actual no lo es”? Todo esto va contra el sentido común y, sobre todo, constituye una gran injusticia que, despojando a Juana Inés de su religiosidad en aras de lo “moderno”, hace lo mismo con la investigación académica. Es una injusticia de dos vías. Resulta que si el crítico no tiene fe, les exige tanto a Sor Juana como a sus colegas que sí la tienen que la hagan a un lado. Se intenta ocultar la parte más viva del espíritu de Sor Juana por motivos doctrinarios. Quienes sufren son la verdad y los que la buscan. Desgraciadamente, estos ataques al sentido común han sido tan repetidos y violentos que los mismos católicos han llegado a prestarles oídos. El poder del dinero, que hace que libros que difaman a Sor Juana y a sus contemporáneos se distribuyan extensamente, sumado a grandes campañas publicitarias y a intereses particulares de quienes los escriben, imprimen y promocionan, han hecho dudar inclusos a los hermanos en la fe de la madre Juana. Me gustaría hacer saber a éstos que hace unos meses publicamos la Protesta de la fe que usted menciona. Se trata de un texto salido de la pluma de la monja poco antes de morir. En él ratificó, firmándolo con sangre, tanto su fe católica como sus votos monásticos. Ahí expresa, sin vacilaciones, su anhelo de ser santa. Es (o debería ser) el anhelo de todo católico. Este documento es precioso porque se dio a la estampa el mismo año de su deceso, y circuló entre las religiosas de muchos conventos. Luego se reimprimió y llegó a sitios tan apartados de la ciudad de México como Sucre, Bolivia. Sor Juana tuvo entre los católicos de su época fama no sólo de poeta, sino también de autora espiritual. A las monjas que leyeran la Protesta de la fe el arzobispo de México (el supuesto “perseguidor” de Juana Inés) les concedió 40 días de indulgencia por cada vez que lo hicieran. Como se ve, la fe de Sor Juana cosechó abundantemente en la viña de Dios. Deberíamos, por tanto, no únicamente estar convencidos de su ferviente deseo de ser santa, sino pregonarlo cuando pudiéramos.

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